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España continúa enfrentándose a un grave problema de abandono y maltrato animal. Miles de animales son abandonados cada año y muchos terminan en protectoras y refugios que, con recursos limitados, intentan hacerse cargo de una situación que no deja de crecer.

Pero el abandono no es un problema aislado. Es el reflejo de una cultura en la que todavía queda mucho por cambiar en nuestra relación con los animales.

Mientras miles de personas luchan cada día por protegerlos, seguimos viviendo en una sociedad donde en muchos lugares se acepta que los animales formen parte de determinadas formas de entretenimiento.

Cuando el sufrimiento se convierte en tradición

Ahora, durante los meses de verano, esto resulta especialmente visible en numerosos pueblos con la celebración de sus fiestas populares.

Toros, caballos, burros y otros animales siguen siendo utilizados en determinadas celebraciones y espectáculos.

Y cuando alguien cuestiona estas prácticas, con frecuencia aparece el mismo argumento:

«Es tradición».

Pero que algo forme parte de una tradición no significa que no podamos cuestionarlo.

Las sociedades cambian. Nuestra manera de entender el bienestar y los derechos de los animales también debería evolucionar.

Un animal siente miedo, dolor y estrés independientemente de que la actividad en la que participa sea considerada una fiesta o una tradición.

La diversión de las personas no debería depender del sufrimiento de un animal.

El abandono también es una cuestión de educación

No podemos luchar contra el abandono únicamente recogiendo animales cuando ya han sido abandonados.

Tenemos que trabajar en la prevención, en la educación y en la responsabilidad.

Un animal no es un objeto que se compra porque resulta bonito, ni algo de lo que podemos desprendernos cuando deja de ser cómodo.

Adoptar significa asumir una responsabilidad durante toda su vida.

Y cuando esa responsabilidad falla, quienes terminan pagando las consecuencias son los animales y, después, las protectoras y personas voluntarias que intentan ayudarlos.

¿Qué clase de sociedad queremos ser?

La forma en que tratamos a los animales también dice mucho de nosotros.

No podemos exigir una sociedad más respetuosa mientras sigamos normalizando el abandono y justificando determinadas formas de utilización de animales simplemente porque «siempre se ha hecho así».

Las tradiciones pueden cambiar.

La cultura puede evolucionar.

Y nosotros también.

El verdadero progreso no consiste solamente en avanzar tecnológicamente o económicamente. También consiste en desarrollar empatía y respeto hacia quienes no pueden defenderse por sí mismos.

El abandono animal no es únicamente un problema de protectoras.

Es un problema de toda la sociedad.

Y si queremos cambiarlo, tendremos que empezar por cuestionarnos aquello que durante demasiado tiempo hemos aceptado como normal.

Porque ninguna tradición debería estar por encima del respeto y del bienestar de un animal.

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